Reivindicamos el uso de la Ñ

26 Junio, 2019

"Es escandaloso que la CE (Comunidad Europea) se haya atrevido a proponer a España la eliminación de la eñe (...) sólo por razones de comodidad comercial (...) Los autores de semejante abuso y de tamaña arrogancia deberían saber que la eñe no es una antigualla arqueológica, sino todo lo contrario: un salto cultural de una lengua romance que dejó atrás a las otras al expresar con una sola letra un sonido que en otras lenguas sigue expresándose con dos", manifestó Gabriel García Márquez cuando hace tan solo unos años la letra Ñ corrió el peligro de ser eliminada.

Nació de la necesidad de representar un nuevo sonido, inexistente en latín. Determinados grupos consonánticos latinos evolucionaron en las lenguas romances hacia un sonido nasal palatal. En el siglo IX, nacieron tres modos diferentes de transcribir el sonido de la “eñe”: Una doble “n” (‘nn’) como en la palabra “anno” (año); un “gn” como en la palabra “lignu” (leño); y un “ni” seguido de una vocal como en la palabra “Hispania” (España).

Sin embargo, tantas variaciones del mismo sonido daban lugar a confusión y ocupaban mucho espacio en un tiempo en el que el papel era muy costoso. Por eso, algún escribano cortó por lo sano. Eligió el grupo nn y además para ahorrar la abrevió en una sola “n” a la que le añadió un delgado trazo en la parte superior.

Hoy por hoy, representa el logotipo del Instituto Cervantes y está en palabras tan bellas como "sueño", "cariño", "madroño" o "niñez". Desde Esstudio Ediciones reivindicamos su uso, puesto que es una gran embajadora de nuestro bello idioma.