La novela negra según Área L. Lamela

28 Octubre, 2019

"Cuando empecé a escribir novela negra, no fui consciente de una serie de decisiones que había que tomar hasta que me puse a ello. 

Sabía que quería generar suspense e intriga, pero quería combinarlos con una denuncia social. Tenía que contextualizar, y decidí desarrollar mis novelas en Lugo, una ciudad que conozco bien y representativa de las ciudades de pequeño y medio tamaño de nuestro entorno. Lugo representa un ambiente social que enmarca una cultura compartida de conocidos, costumbres, cotilleos… Esa fue una de las primeras decisiones: qué podía hacer con una ciudad que también tuviese su protagonismo en la trama.

Pero además, había otras muchas elecciones importantes qué hacer. Una de ellas es el narrador. ¿Va a ser un personaje de la novela, o un narrador omnisciente? En el primer caso se usa la primera persona; tiene la dificultad de mostrar cómo adquiere la información: si la ve, o la oye, o la lee. El lector solo sabe lo que sabe el narrador. Su uso es más apropiado para la acción. Tiene la ventaja de que promueve la identificación del lector con el que narra.

Si el narrador es omnisciente, se tiende a usar la tercera persona. Me decanté para mis novelas por el uso de esta opción. Se cuentan los sucesos con cierta distancia, y lo mezclo con párrafos en los que el narrador se adentra en la mente de algunos personajes para contar sus emociones, sus pensamientos y sus deducciones.

Donna Leon dice del narrador que debe evitar caer en algunas tentaciones; por ejemplo, que no debe mostrar un autor que juzga, ni debe ser paternalista, ni prepotente, ni condescendiente con el lector. No debe decir que alguien es bueno o malo, sino convencerlo. El autor conducirá al lector para que éste sea el que juzgue. No sé si lo logro, pero al menos eso intento.

Respecto a los personajes, para que la historia funcione es importante crear buena química entre ellos y el lector. Se intentará que el lector se identifique con el protagonista para despertar interés en descubrir al culpable. El protagonista, aunque sagaz, no debe ser demasiado listo; ha de ser humano, si no, no le parecería simpático al lector.

Respecto a los protagonistas, también hay que decidir si el investigador es un profesional policía o guardia civil, detective, o alguien que investiga por su cuenta. Me decidí por un inspector de la Policía porque así puede investigar de forma creíble y puede contar con más recursos para recabar información. Me decidí por alguien del sexo masculino como policía porque el prototipo histórico es masculino, y también me facilitaba la descripción del rol a jugar. Y ahí está el inspector Zalo Alonso, un hombre que respeta a las mujeres y las trata de igual a igual. Pero no quise resignarme, y quería una protagonista femenina: la forense Carmela Archer. La creé como experta en perfiles psicológicos, porque me facilitaba hacer uso de mis conocimientos al servicio de la novela. Carmela es una emigrante retornada que llega a Lugo después de un divorcio y tiene que recuperarse. En esta ciudad encuentra a un ex novio de la adolescencia. Su personalidad obsesiva la hace volcarse en el trabajo como válvula de escape; es meticulosa y perfeccionista.

Y también está Sara, la mujer del inspector. Es endocrinóloga, y una lectora empedernida de novela negra que vive las investigaciones de su marido como si fueran las novelas que lee. Opina sobre las investigaciones, y es perspicaz. Esta protagonista permite jugar con la ficción dentro de la ficción, sin olvidar que la realidad la supera.

También hay muchos otros personajes. Son novelas corales.

Zalo Alonso está felizmente casado y es muy organizado. No quería que fuese el prototipo de investigador solitario, desencantado y bebedor; sería alguien demasiado desvalido y poco creíble para centrarse en una investigación.

Algo que hay que cuidar siempre son los diálogos. Intento que sean coloquiales y adecuados a las características del personaje; que se parezcan a los que se usan cotidianamente. No deben restar ritmo a la novela y deben conducir y aclarar los hechos.

Otra elección importante es la víctima, a quién matar. Para que el lector empatice con la investigación, parece natural elegir matar a alguien muy bueno. Pero no resulta del todo creíble, y la historia debe ser verosímil. La víctima muere por algo, por lo general por un posible poder destructivo para otra persona o causa significativa. La víctima nos lleva a la elección del asesino y el móvil.

Respecto al asesino, se suele jugar con varios personajes, desde el más aparente al menos claro. Se recurre a falsas pistas, maniobras de despiste, insinuaciones, etcétera. El asesino se puede deducir; pero ha de estar oculto y disimulado. Respecto al móvil, pueden ser muchos: venganza, celos, ira, poder, codicia… pero ha de estar bien articulado con la personalidad del asesino y la relación mantenida con la víctima.

El asesino intentará engañar al detective. El autor intentará engañar al lector, haciendo creer que los culpables son inocentes y viceversa. Si esto funciona, mejorará el entretenimiento. Y al final, el autor determina quién será castigado y en qué medida. Dicen que esa es la clave del éxito de la novela negra: crea una justicia que en la vida real no siempre existe".