Escribir un libro es ante todo un reto personal. Ya sea una colección de cuentos o una novela con múltiples caminos, el libro y la vocación de terminarlo exige tiempo, sacrificio y mucha atención. Y a veces resulta más difícil de lo que esperas. ¿Te ha pasado ya que empiezas a escribir una idea que consideras suficientemente buena, pero que aun así te quedas a mitad de camino?
Ya en otro artículo habíamos mencionado que es la sensación de estar a bordo de un barco que se queda sin combustible en medio del océano. Pero en esta ocasión nos referimos más exactamente a lo que ocurre cuando la idea sí es realmente buena y algo te detiene. Observas hacía atrás y descubres que vale la pena seguir adelante pero que hay algo que te frena, algo que te hace sentir estático.
Pero, tranquilo, tío, no eres el primero ni serás el último escritor que tienes que enfrentarte a esto. Se trata de la ausencia de algo que a veces rima con la inspiración pero que tiene que ver más con el gusto y la dedicación por continuar firme con tu obra.
He aquí algunos consejos para sazonar tu obra y permitir que esta continúe adelante:
A veces el problema está en el hecho de que sigues una línea recta, de acuerdo a lo que tú mismo esperas de tus escritos. Pero… ¿y si te atreves a seguir los susurros que tus personajes sugieren? ¿Qué tal si te tomas el tiempo para seguir el rumbo que ellos mismos te quieren vivir?
Cuando te atas a una camisa de fuerza, donde todo tiene que coincidir con tu plan, entonces anulas la oportunidad de disfrutar con lo imprevisto. Póngale ganas y atrévete a seguir ese otro destino. Quizá el personaje no quiera ir a pie, sino en auto y si de paso se estrella contra un peatón o le cae un avión del cielo en plena avenida, pues dale, deja que todo eso ocurra.
La otra alternativa es colocarte en los zapatos del director de la película que decide recrear su obra desde otro ángulo. Qué tal si comienzas por el final y terminas con el principio. No tienes porque descartar ni echar al fuego lo que llevas escrito, sino darle una vuelta a la página y ver los acontecimientos desde otro punto de partida, ubicando las paginas en otra posición.
Ten por seguro que esa será una inyección suprema de combustible para tu barco y tu deseo de seguir adelante.
Y por supuesto, si quieres obtener combustible extra, quizá la solución este en volver a sumergirte en lo que ya llevas escrito. No solo es la opción perfecta para ir corrigiendo tu novela, sino para revivir los momentos y darte cuenta de todo el talento que tienes a tu favor.
Hemingway decía que ese era su mejor remedio cuando se estancaba. Y tú, ¿Por qué no habrías de retroalimentarte y ver tus progresos tomándote el tiempo para releer todo lo que has logrado?
A veces, un escritor se cansa cuando se centra en un solo tema. En su esfuerzo por ser profundo y darle mayor intensidad a su obra, su mente se nubla y cae en un estancamiento que es solo fruto de estar centrando en lo mismo: el mismo personaje, la misma escena, el mismo clima.
¡Semáforo en rojo! Detén la marcha y arranca por otra parte de la historia, por otro tema, por otras sensaciones. Eso te ayudará a ver las cosas desde otra perspectiva, dándote cuenta que tu obra merece ser generosa en otras temáticas y tienes otros aspectos en los cuales trabajar, divertirte y descubrir.
Y finalmente: no te estreses. Nada está escrito de que tienes que terminar tu colección de cuentos y tu novela tiene que acabarse para la última semana de septiembre o la primera de octubre. Si te sientes cansado a la hora de escribir, deja de lado tu ordenador y mejor ve a disfrutar de una película. Sal a la calle y visita un centro comercial o simplemente camina sin un rumbo definido. Disfruta de tu vida y recuerda que ser escritor no tiene porque ser un oficio donde te sientas como un esclavo.